Dorota Bierżyńska

pintura

femenina

única

Dorota Bierżyńska photo

Nació en 1963, en Gdansk.
Desde su infancia vivió en Sopot, donde se graduó de la escuela primaria No. 8 ”Jan Matejko”, y posteriormente en 1982, del Instituto de Enseñanza Media No. II “Boleslaw Chrobry”. Entre 1983 y 1988 obtuvo el diploma con mención en la Academia de Bellas Artes de Gdańsk, Facultad de Pintura y Artes Gráficas bajo la tutoría del Profesor Jerzy Zabłocki.
Entre 1990 y 1991 fue becaria del Ministerio de Cultura y el Arte para artistas jóvenes. Su producción creativa fue presentada en exposiciones individuales en Düsseldorf (Alemania), Berlín, Hamburgo, Colonia, Bonn (Alemania), en la galería HI HI TE en Toronto (Canadá), en BWA en Sopot «Entre el cobre y el azul del cielo», Dworek Sierakowskich (Sopot), Die Galerie, Wilhelmshaven (Alemania), Museo de Sierakowski Manor (Wejherowo). Participó también en exposiciones colectivas, entre ellas: “Arte Femenino” en Norderstedt (Alemania), “Uniones”, iglesia de San Juan (Gdańsk), VIV ARTIS GALLERY (Sopot, 2000/2001).
Sus pinturas se encuentran en colecciones privadas en Polonia (incluida la colección de Lech Wałęsa) y en el extranjero: en los Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, los Países Bajos, Suecia, Noruega, Francia, España, Portugal, Italia e Inglaterra.
Desde 2013 se queda en parte en Santa Cruz de Tenerife (en verano e invierno), así como en Polonia e Inglaterra.

exposiciones

las exposiciones mas importantes

Exposiciones individuales más importantes:
1987 – Düsseldorf, Alemania
1988 – Berlín, Hamburgo, Colonia, Bonn, Alemania
1989 – Galería “HI HI TE”, Toronto, Canadá
1991 – Galería BWA de Sopot “Entre el cobre y el azul de cielo”
1995 – Dworek Sierakowskich, Sopot
1999 – Die Galerie, Wilhelmshaven, Alemania
2002 – Galería de la casa „Bajo la torre”, Sopot
2007 – Centro comercial „Batory”, Gdynia
2009 – Museo „Przebendowski Palace” vernissage „Silencio entre nosotros”, Wejherowo
2015 – Centro Cultural de Las Galletas – „Mi isla mi tierra”, Santa Cruz de Tenerife, España
2018 – Centro Cultural de Los Cristianos, Santa Cruz de Tenerife, España

Exposiciones colectivas más importantes:
1995 – “Arte Femenino”, Nordeestedt, Alemania
1999 – “Relaciones”, Gdansk, Iglesia de San Juan
2000/2001 – VIV ARTIS GALLERY, Sopot

 Los procesos de creación – para mí es la consecuencia de las creativas y reflexivas o no sólo reflexivas realizaciones en el lienzo hechas con color, forma, textura, contenido, choque, unión. La idea metafísica de la creación me aporta el sentido de la verdadera libertad del pensamiento y del ser.

Muchas veces mirando a través de las emociones, sensaciones evocadas por la vida a mi alrededor, el paisaje, la gente y todo este mundo, llego en la pintura a describir la situación de mi ego.

Esto me lleva frecuentemente hacia el centro (el ojo de la tormenta) en la vorágine de la pintura. Siempre pinto bajo la presión de mi conciencia que me obliga encaminarme hacia la belleza así concebida, hacia mi perfección.

Mi imaginación extrae de la memoria los destellos de acontecimientos, experiencias, emociones, situaciones no siempre legibles al instante en mis cuadros, en su superficie exterior. No obstante, esta orden interna puede ser fatigosa y causar frustraciones profesionales. A mi que soy del norte me inspira todo lo que veo a plena luz, la saturación de la luz que se puede divisar en los rincones más cálidos de nuestro globo. Ese sueño del pleno sol es la fuerza motriz de mi pintura, es la mejor traslación al estado de mi cuerpo y mi espíritu. Por eso me siento obligada a los interminables intentos artísticos que me llevan al pasado, a la felicidad o a la infelicidad vivida, a lo que existe hoy y a lo mejor existirá mañana.

Esta es mi invitación a viajar hacia el interior de mis cuadros, para descubrir quizás lo que os pueda resultar familiar a vosotros que sois mi público y lo que encontréis y guardéis, será la esencia de lo tácito entre nosotros, porque es a vosotros a quien va dirigida mi obra artística.

LA PINTURA FEMENINA ÚNICA

Contemplando la pintura de Dorota Bierzynska me viene a la mente una pregunta obsesiva: ¿podría un hombre pintar así? Me doy cuenta de que enfocando el problema del origen del arte de la misma manera, caigo en la eterna trampa.

Algunos pondrían como modelo de pintura femenina a Olga Boznanska, su paleta sutil, delicada, sensible, diría yo que una paleta de muselina y el amor a la belleza expresado en los modelos, sobre todo en los modelos femeninos. Otros, alegarían el arte de Katarzyna Kobro tan preciso, lógico y geométrico. Sólo un hombre podría crear así. El tercer grupo, diría, que el arte o es malo y que no hay que crear arrodillado, como habría querido Jan Styka, sino crear bien. Así pues, el arte y sobre todo las artes plásticas, en su origen son “asexuales”.

Para mí, sin embargo, la pintura de Dorota Bierzynska es un ejemplo clásico de que en el arte representacional donde la búsqueda de la expresión plena siempre va unida a la aceptación y el conocimiento del Soma y Psique de sí mismo, tiene relación con el conocimiento de sí mismo y con la aceptación de lo irrepetible en sí mismo (también en lo carnal).

No hace mucho, supe que las obras maestras creadas por la naturaleza, tales como los copos de nieve – nunca se repiten. ¡Tenemos infinitas cantidades de esas obras maestras estelares!

Cuán profundamente tuvo que sumergirse Bierzynska en su plenitud femenina donde lo carnal se une a lo espiritual en misteriosas relaciones, para crear su arte prodigioso e irrepetible. Voy a citar la opinión de la fallecida Ewa Moskalowna, una poetisa muy femenina y también folletinista y ensayista que escribió las siguientes palabras sobre Dorota Bierzynska: “Bierzynska no se avergüenza de sus emociones ni de su biología que se unen en un todo de manera natural, típicamente femenina con una reflexión intelectual. Aceptar los sentimientos, experimentarlos con todo el ser se incrementa aún más por el autoanálisis.”

Hoy día “no avergonzarse de las emociones, ni de la biología” en la pintura femenina se une frecuentemente a un exhibicionismo peculiar, una demostración de lo carnal. Aquí se oculta el desenfreno hedónico, ese cáncer de la civilización occidental.

Es cierto que en el arte de Bierzynska encontramos los actos femeninos, pero hay en ellos tanta sutileza, están cubiertos por una neblina de sentimientos, de compasión, de ese don propiamente femenino. Incluso en un acto pasional de la mujer con media roja se divisa la reflexión, perdura allí el momento captado antes de algo que va a pasar o ha pasado ya…

Como no soy ni historiador, ni mucho menos crítico, me permito estos comentarios poco profesionales debido a cierta afinidad de la imaginación. Como prosista soy sensible a lo carnoso del paisaje de la región de Casubia, a la fascinante inconstancia del mar o de los lagos de Casubia. Esa fascinación visual la heredé de mi tierra de Vilna.

Dorota Bierzynska sabe determinar la naturaleza de su vocación: “mi arte es una esfera en la que me independizo del objeto para definir mi realidad propia y es entonces cuando ésta de repente se convierte en un espacio que sólo existe en los sueños”. Esa independización de los objetos causa que el elemento marítimo no se muestre de forma naturalista como el mar alborotado (tal como lo podemos ver en la pintura marinista del eminente pintor Aivazovsky), sino como una visión enloquecida del mar multicolor, surgido en los sueños de alguien que vive en un mundo de colores.

La artista me ha revelado que se siente inspirada por la paleta de los pintores iberoamericanos. ¿Y la escuela tan influyente de los artistas del grupo parisino del movimiento kapista cuya continuación fue la Academia de Bellas Artes de Sopot?
En los trabajos de Bierzynska que he podido ver domina esa sutil acuarela polaca para convertirse bruscamente en algo como la pintura mexicana.

Lo que quiero decir ahora está en contradicción con lo dicho hasta ahora, pero esto siempre ocurre cuando estamos tratando con una personalidad artística eminente.

Aunque la propia artista dice que su pintura es “la independización de los objetos” cuando nos ponemos a mirar la serie de cuadros en los que un papel importante lo juegan precisamente los objetos, sólo podemos admirar el extraordinario sentido de la composición. El mundo de los objetos no siempre legibles, pero frecuentemente tomados de la cocina, de la vida cotidiana, tratado con un sentido inequívoco del color – a menudo muy saturado, como en la paleta iberoamericana – crea un paisaje inolvidable. Cada composición nace de un aparente caos de objetos amontonados como sea y crea su mundo propio, un mundo del sentido espiritual superior. No todos los artistas tienen ese don.

Y aquí vuelvo otra vez a lo dicho anteriormente – a la pintura femenina única, llena de alegría y de la pasión por la vida. Cuánta valentía y sensualidad hay en ella y el mundo se percibe no sólo con el alma y el intelecto, sino con todo el ser carnal. Me alegro de haber podido contemplar el arte de Dorota Bierzynska.